Misi

Misi

Guardián del equilibrio

Es mucho más que el gato de la clínica: es parte esencial de nuestro equipo.

Misi llegó a nosotras tras un accidente de tráfico. Lo cuidamos, se quedó… y desde entonces nos cuida él a nosotras. Fue adoptado oficialmente, pero en realidad, fue él quien nos adoptó primero.
Su pelaje blanco y negro parece recordarnos al Yin y el Yang: equilibrio entre fuerza y ternura, entre lo que se da y lo que se recibe.

Tiene una personalidad única, con ese toque de carácter que solo tienen los que han vivido mucho en poco tiempo. Aunque los perros no son sus grandes amigos, los acompaña con una calma silenciosa cuando más lo necesitan y a su manera, les hace saber que no están solos.
Con los gatos, en cambio, crea lazos rápidos: los reconoce, los entiende, y a menudo se queda a su lado como si supiera exactamente lo que están sintiendo.

Para nosotras, Misi representa el espíritu de la clínica: la vida que se recupera, el cuidado que se da sin pedir nada a cambio y el amor que se crea en los momentos difíciles.a. Nos recuerda cada día que sanar no siempre es curar, que el cuidado va más allá de los tratamientos… y que a veces, el corazón más sabio de una clínica camina en silencio sobre cuatro patas.

Café

Café

Espíritu en construcción

Café llegó a nosotras escondido en un motor, oliendo a miedo y a calle. Lo que en un principio parecía algo temporal fue tomando forma poco a poco, hasta convertirse en una parte más de nuestra familia.

Aunque, si somos sinceras, hubo alguien que lo tuvo claro mucho antes que nosotras. Misi decidió desde el primer día que Café había llegado para quedarse.

Todavía está creciendo y descubriendo el mundo a su manera. Todo parece llamarle la atención, especialmente si puede investigarlo de cerca… o comérselo. Entre siestas, mimos y visitas a la recepción en busca de algo interesante que hacer, sigue encontrando nuevas formas de sorprendernos cada día.

Para nosotras, Café representa esos encuentros que llegan sin buscarlos y terminan encontrando su lugar. Nos recuerda que la vida no siempre sigue los planes que hacemos y que, a veces, lo que parecía una casualidad acaba convirtiéndose en parte de nuestra historia.

Y que hay una fuerza muy especial en quienes todavía son capaces de mirar el mundo con hambre de descubrirlo todo.

Silvia Casquero Montes

Silvia Casquero Montes

Desde muy pequeña sentí una conexión profunda con los animales, con la naturaleza, con los silencios del bosque y con esa sabiduría antigua que parece hablar bajito, pero que controla todo.Hoy, después de muchos años de formación y experiencia, puedo decir que mi camino profesional es también un camino de alma.

Estudié Veterinaria porque quería comprender el cuerpo de los animales y así poder sanar y ayudar. Pero pronto sentí que la medicina convencional en veterinaria ,aunque necesaria, no era suficiente para abarcar toda la complejidad, belleza y profundidad que hay en cada ser vivo. Esa inquietud me llevó a seguir aprendiendo desde otras miradas, y fue así como me formé en Medicina Tradicional China, especializándome en Acupuntura y Fitoterapia china, herramientas que me han enseñado a ver más allá del síntoma, a escuchar los ritmos internos del cuerpo y a comprender la enfermedad como un desequilibrio que pide ser acompañado con respeto y sensibilidad.

Con el tiempo, mi enfoque se fue ampliando: realicé un Máster en Psiconeuroinmunología (PNI), profundicé en el uso de Flores de Bach y otras esencias florales, y me formé en comunicación animal, un puente sutil pero poderoso para entender lo que muchas veces no se dice con palabras, pero sí con gestos, miradas y energía.

Mi práctica se nutre también de la medicina Ayurveda, los aceites esenciales, el estudio de las plantas medicinales tradicionales y sus usos ancestrales. Creo firmemente que el conocimiento científico y la sabiduría natural no están enfrentados, sino que se complementan, y que una medicina verdaderamente integrativa es aquella que trata al ser en su totalidad: cuerpo, mente, emociones y entorno.

Me inspiran profundamente los bosques, los gatos (maestros silenciosos de la presencia), el mar y todo lo que nos conecta con lo esencial. En cada animal que acompaño, en cada familia que confía en mi mirada, vuelvo a confirmar que sanar no es solo eliminar un síntoma, sino reconectar con lo que somos, con la armonía que perdimos y que podemos recuperar.

Hoy trabajo desde un lugar de escucha, de presencia y de cuidado profundo. Mi consulta es un espacio donde la ciencia se encuentra con la sensibilidad, y donde cada ser vivo es tratado con el respeto y la ternura que merece.

Gracias por estar aquí y por compartir esta forma de ver (y de sentir) la salud animal.

Nerea Corral Bilbao

Nerea Corral Bilbao

Siempre supe que quería dedicar mi vida a cuidar animales. No como idea romántica, sino como certeza que no ha cambiado en más de veinte años, a pesar de todo lo que esos años han traído.

Me licencié en Veterinaria por la Universidad de Zaragoza en 2001. Durante once años trabajé en clínica y hospital veterinario con un alto volumen de trabajo, y esa etapa me dio algo que no tiene sustituto: experiencia clínica real, en todas sus formas y en todos sus momentos, incluidos los más difíciles. Me formé en diagnóstico por imagen, laboratorio, medicina interna canina y felina, porque creo que el conocimiento sólido es la base de todo lo demás.

Desde 2016 formo parte de Shen. Aquí encontré el espacio para integrar todo ese conocimiento con una mirada más profunda y más respetuosa hacia cada animal y cada familia.

Cuando algo se complica, intento ser la calma que el momento necesita. Cuando alguien no entiende, explico una vez más, con el mismo cuidado que la primera. Porque cada familia merece salir de la consulta sabiendo exactamente qué le pasa a su animal y qué vamos a hacer para acompañarlo.

Jara Casanova Castro

Jara Casanova Castro

Mi primera palabra no fue «mamá» ni «papá». Fue «Tutatis», el nombre del gato de mi familia. Y desde entonces no he sabido querer a medias.

Estuve a punto de dejar la medicina veterinaria por todo lo que a veces se construye alrededor de los animales: la distancia, la prisa, las familias que eligen compartir su vida con un ser y luego no terminan de estar. Eso me dolía de una forma que no podía ignorar, y no sé hacer otra cosa con el dolor que moverme.
Lo que me devolvió fue descubrir que existía otra manera de entender la medicina, y que esa manera funcionaba. Una que mira al animal entero, que tiene paciencia para lo que no se ve a primera vista. Me formé en nutrición, estudio Medicina Tradicional China Veterinaria, y sigo estudiando porque nunca sabré suficiente. Y cuando un animal mejora con todo eso, siento una alegría que no me cabe dentro.

Con los animales siempre estoy esperando que me dejen quererles. Ese momento en que deciden acercarse, olerte, quedarse, es todo. Las personas no me apasionan tanto, pero cuando alguien trata a su animal como un miembro más de su familia y llega con preguntas, algo cambia. Esas familias me importan tanto como el animal que traen.
Siempre he creído que estar del lado de quien no puede defenderse solo no es una elección, es una forma de entender el mundo. Y los animales, que no pueden contarte lo que les pasa ni pedirte que te quedes, me lo recuerdan cada día.

Si has llegado hasta aquí, probablemente ya sabes lo que buscas para tu animal, aunque no sepas exactamente cómo encontrarlo. Yo tampoco lo supe siempre. Pero sé investigar, sé no rendirme, y sé querer sin medias tintas. Y eso, creo, es lo más importante que puedo ofrecerte.

Soy curiosa, soy amorosa y soy rebelde. Y no sé ser las tres cosas por separado.